domingo, 26 de enero de 2014

Amistades añejas... treinta años después.

Ayer tuve la oportunidad de ver a un querido amigo de mi época de preparatoria, al que no veía hace unos 30 años o más. Gracias a la ayuda de una amiga de la época a quien trato desde hace tiempo en FB fue que se dio, de pronto y sin casi nada de aviso esta oportunidad de encontrarnos. Fue así como Eduardo volvió a aparecer en mi existencia y venía acompañado de Carlos, que también era parte de la banda en aquellos años.

Como dijera Marie, nuestra chaperona, no es lo mismo los tres Mosqueteros que mil años después. Pues claro que no es lo mismo. Los tres acusamos los efectos de más de cinco décadas en el cuerpo, pero por lo que vi, nuestro carácter y ánimo no ha mermado en lo absoluto, a pesar de que yo estoy en un tratamiento contra el cáncer de pulmón y espero una férrea batalla contra mis propias células. Eso no importó. Estuvimos juntos, conversando, riendo por tantos y tantos recuerdos, las anécdotas, algunos secretos que nos revelamos y obvio, compartimos también las vivencias halladas en el camino.

Y creo que es parte de lo valioso: compartir esas experiencias que nos convirtieron en personas adultas, responsables de nuestras vidas y resultados propios, con el acopio y aceptación de los múltiples problemas vividos, los métodos que usamos para resolverlos, las consecuencias que vinieron después y la lección que nos dejaron treinta años de no vernos ni saber los unos de los otros.

Es evidente que resulta curioso cómo cada uno usó sus herramientas de maneras tan distintas y cuyos resultados forjaron lo que hoy somos. Pero el resultado nos agrada a cada uno en lo personal y así lo dijimos. Nos encontramos satisfechos no solo por lo vivido, bueno y malo, glorioso y terrible. La vida nos permitió avanzar cada uno a su nivel, a su paso y a su manera. Y eso ya es ganancia. Algunos de nuestra generación ya no están con nosotros y eso significa muchas cosas. 

Y pues, enhorabuena, amigos míos, Eduardo y Carlos. Los quiero mucho. Nos faltan algunas lecciones y vivencias. Sé perfectamente que las afrontaremos con ánimo y decisión. No me cabe duda que si bien los años no pasan en balde, hemos asumido que podemos vivir, que podemos seguir adelante, que cuando nos toque una lección difícil no tendremos miedo ni acudiremos a los maestros para hacer preguntas tontas. haremos lo que deba hacer y continuaremos. Así de sencillo. Además, los tres reconocemos que hay un Dios, que está con nosotros y que no nos ha abandonado. Si Dios con nosotros, ¿quién contra nosotros?
Un abrazo. Ah, y desde luego, querida amiga, Marie... mi agradecimiento total y sincero. Sin tí, este encuentro simplemente no se hubiese dado jamás. Y eso, es algo que te reconozco y te debo. MUCHAS GRACIAS.

LVA

1 comentario:

  1. Mil gracias George... Un placer para mi colaborar para este reencuentro, finalmente la vida sigue, y mientras la tengamos tenemos la obligación de ser mejores cada día, nuestro espíritu se enriquese con cada experiencia, juro que escuchar la historia de Carlos me llego al Alma y sé que nunca me rendiré, mientras viva quiero dejar lo mejor de mi en cada persona que se cruza en mi camino. HASTA SIEMPRE AMIGO.

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