domingo, 26 de enero de 2014

Inmigrante, no hay camino, se hace camino al andar

Recuerdo mi época de inmigrante. Yo no fui al norte. Partiendo de San Martin Texmelucan, Puebla, en México, fui al sur, muy al sur del mundo. Creí que iba a regresar a los tres meses, pero regresé casi 10 años después. 

Como esa clase de aventuras, al inicio fue emocionante y sorprendente por todo aquello que uno se encuentra en el camino. Hubo momentos de mucha emoción y alegría cuando l
os horizontes se abrían majestuosamente ante una vida nueva llena de altas y bondadosas promesas. Y así, durante un tiempo las cosas fueron bien.


Pero el inmigrante es un ser solitario, en el fondo. Y como lobo estepario debe saber recorrer caminos y senderos sin perder el rumbo ni la esperanza. Debe ser capaz de alimentarse de sobras y dormir en el suelo, a la intemperie, sin mayor protección que una lejana bendición de Dios... Y debe saber defenderse ante las crueldades que se le cruzan, sin ensañarse con el débil. Antes al contrario, debe poder aconsejar a los que perdieron el rumbo y esperan una mejor estación para reanudar el camino. Un inmigrante no habla solo, habla con su espíritu y obtiene respuestas que van más allá de la intuición. Pero es un diálogo que cuesta mantener vigente. El hambre obliga a atender lo urgente y dejar lo importante para otro momento. El inmigrante no es un fugitivo, es un solitario que buscaba respuestas y muchas veces encontró penurias donde los lugareños vivían su vida normal.

Ser inmigrante es muy duro. Dejando de lado las obviedades de encontrarse en un país extraño, solo y sin amigos, la soledad es una constante contra la que al inicio se lucha y luego se acepta como una compañera de viaje. Pero eso no quita la sensación que cada noche aqueja al inmigrante: no hay nadie con quien conversar y abrazar antes de colocar la cabeza en la almohada y tratar de dormir. Si se añade, como fue mi caso, inviernos que duraban 6 meses, con temperaturas de muchos grados bajo cero, donde en ocasiones ni el calor de una estufa de parafina (petróleo) calentaba lo suficiente, entonces se comprende lo que significa cuando uno dice que sufre de frío en el alma.

Si usted ha pensado en salir lejos, donde nadie lo conozca, buscando un estilo mejor de vida, pero no ha agotado sus oportunidades ahí donde vive actualmente, mejor es que lo piense dos veces.

Por experiencia, sabemos que huir no hace al inmigrante. No es escapando como se triunfa, sino planeando bien el viaje. Las aventuras son buenas, son necesarias, son estimulantes. pero muchos aventureros regresaron vencidos, (algunos no tuvieron tanta suerte y se perdieron) por no saber bien lo que hacían. 

Sí, ya se lo que me dirán algunos. Que precisamente en lo desconocido es donde se encuentra el encanto de esa clase de aventuras. Pero créanme, la soledad es muy mala consejera, y peor aún cuando se acompaña del hambre. Y si se encuentra con amigos que primero le hacen creer que todo está bien y luego lo empujan al mal, cuidado. A veces no se puede salir de algunas malas trampas tan fácilmente sin sufrir en demasía.

Tengan cuidado.

LVA



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